Esta página es el testimonio de mi recuperación de una enfermedad dolorosa, progresiva y mortal: la anorexia.
Es también una búsqueda profunda sobre lo que yace bajo todas las mentiras que nos han dicho sobre los TCA, y un intento de cuestionar los estereotipos sobre la belleza y el cuerpo.
Su fin es proporcionar elementos para pensar diferente sobre los trastornos de la alimentación.
Esta es una lista de algunos casos famosos de gente que ha sufrido algún trastorno de la alimentación. Noy hay en la lista muchas actrices, ya que en cierto modo es más frecuente que ellas sufran estas enfermedades por la constante presión que hay sobre su aspecto.
La mayoría de la gente, cuando piensa en problemas de salud mental, cree que la depresión mata a más personas porque cometen suicidios, o que la esquizofrenia mata gente porque los psicóticos a veces hacen cosas peligrosas. Sin embargo, los trastornos de la alimentación matan a más gente que todos los otros problemas mentales combinados.
Mi DaNzA cOn La mUeRtE
Mi primera crisis fue a los catorce. Con la muerte de mi primer novio caí en la cuenta de que todos a mi alrededor parecían morir. Perdí a mi padre a los once años, y un primo mío murió cuando yo tenía ocho. De algún modo sentí que tenía que mostrar que todo eso había dejado una huella en mí, que la muerte me pisaba de cerca los talones. La anorexia fue la muestra visible de la muerte en mi cuerpo. Perdí unos diez kilos en ocho meses, e incluso un par de centímetros de estatura, en una época en que muchas mujeres están en pleno desarrollo. Mi segunda crisis fue a los diecisiete. Una de mis mejores amigas padecía leucemia (cáncer en la sangre) en estado terminal. Mientras ella estuvo viva hice un esfuerzo por mantenerme a flote, pero al final la depresión me tomó por varios meses. A los diecinueve mi vida parecía ser al fin lo que yo había elegido: estaba en la universidad cursando dos carreras y llevaba un ritmo de vida increíblemente acelerado. Sin embargo, empecé a adelgazar y a sentir calambres y mareos. Aunque acudí una "especialista" en trastornos de la alimentación me diagnosticaron que no tenía anorexia. Mi última crisis fue a los veintidós. En ella casi no dejé de comer, pero ya tenía las defensas muy debilitadas por años de hambre y maltratos a mi cuerpo. Tuve salmonelosis y tifoidea en un año, mis defensas estaban en el piso, estaba anémica y llegué a pesar 47 o 48 kilos (mido 1.66). Fue entonces cuando me dije que no podía seguir así, que era tiempo de crecer, de dejar de hacerme daño. Empecé a practicar yoga, entré a terapia con una especialista en trastornos de la alimentación y empecé a visitar a una nutrióloga. La anorexia es un demonio que nunca se va del todo, un perro rabioso que espera a saltar sobre ti al menor descuido. Por eso trato de estar en guardia. Más sobre mí...
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