lunes, 6 de noviembre de 2017

A doce años de haber sufrido anorexia. La vida puede ser todo lo mejor que imaginaste, y más

El tiempo se consume sin cesar ante nuestros ojos. A veces lento, a veces muy rápido. Han pasado casi cuatro años desde la última vez que escribí aquí, y muchas cosas han cambiado en mí y en mi vida.


Justo en ese año y el siguiente vi destruidas las sucesivas vidas que me fui construyendo por lo menos tres veces. En 2013 me casé en una ceremonia budista con el que había sido mi compañero por ocho años. Nos fuimos de luna de miel al sureste asiático y nos separamos seis meses después de la boda. ¿Qué pasó? Él dice que tomamos caminos distintos. Yo digo que diferentes siempre fuimos, que más bien él tuvo una súper crisis de los 40 y no estuvo para apoyarme en un momento en que yo lo necesitaba después de haber dedicado tres años de mi vida a ayudarlo a echar a andar una agencia de comunicación.


Inicié una maestría en antropología social que me hacía muchísima ilusión y tuve que dejarla porque con la separación tuve dificultades económicas, la beca no me alcanzaba ni para pagar la renta y tuve una recaída de tifoidea que me hizo faltar a clases varias semanas.


 
Mis compañeros de la maestría con una de mis mejores amigas que fue mi maestra y Roberto Melville, una de las vacas más sagradas del CIESAS. La segunda foto es la presentación de un libro de José Sánchez, uno de los mejores y más entrañables maestros que tuve, quien me hizo el honor de invitarme como moderadora.


Durante los meses turbulentos de la separación tuve una de mis peores crisis de insomnio y mi ex --que aún no era ex-- me insistió en que consultara a un psiquiatra. Por primera vez en mi vida accedí a tomar medicamento y me diagnosticaron como un caso leve y altamente funcional de trastorno bipolar. También volví a terapia, y mi terapeuta fue contraria a la idea de que tomara medicina, pero lo hice ante todo para tratar de salvar mi relación. Duré tres meses tomándolos y  mi relación se fue al carajo de todas maneras. Sin embargo descubrí que el medicamento me ayudó mucho con la ansiedad, que en esos meses se volvió un peso que no me dejaba respirar ni pensar. La depresión simplemente se fue volviendo más manejable con el tiempo, la terapia y el apoyo incondicional de mi familia y mis amigos cercanos.







A diferencia de la anorexia, que sí considero una enfermedad que me hizo daño, decidí que para mí la bipolaridad no es un trastorno, sino una condición. Me ha acompañado por lo menos desde los catorce años, y nunca cambiaría el fuego encendido de la hiperia por la tranquilidad de una vida más plana y estable, aún si tengo luego que pagar el precio de temporadas de honda depresión. Digo, de todas formas, a mí la depresión me ha acompañado desde los ocho años. Es parte casi natural de mi vida y afortunadamente cada vez sé manejarla mejor.



El 2014 fue una continuación de ese maremoto. Una de mis mejores amigas vino de Ecuador a estudiar una maestría en México. Parte de su elección para venir acá y no a Brasil estuvo determinada por lo mucho que yo la necesitaba. Vivió poco más de un mes en mi casa, viajamos juntas, me ayudó mucho y también tuvimos terribles desencuentros: a ambas nos habían pasado muchas cosas desde que vivimos juntas en Madrid conquistando el mundo cada noche. En esa época también salí unos meses con un compañero de la maestría que terminó dejándome sin explicaciones porque un buen día se vio mudando maletas y llevando a los niños al kínder y le entró el pánico sin que yo siquiera pensara en nosotros como una pareja estable.


A fin de año me fui con mi amiga y un amigo suyo a una playa del Caribe Mexicano donde yo pensé quedarme a vivir por una temporada. Tuve una crisis de manía como nunca antes, y por primera vez en la vida en ella hice daño a varias personas además de mí misma. Ella y yo peleamos sin cesar por dos semanas hasta que me mandó al demonio. Mi amiga conoció en la playa a alguien con quien sigue hasta la fecha y yo conocí a muchas personas que tocaron mi vida de distintas e importantes maneras.

Foto: Kamila Chomicz, cineasta polaca que conocí en Bacalar.

Ese año también me ofrecieron un trabajo bastante bueno en una revista que me gusta. El sueldo no estaba mal, mi jefe fue una de las personas más extraordinarias con las que he trabajado y el equipo era genial. El dinero me cayó bien para estabilizarme, y descubrí que ser o tener un jefe zapatista es una de las mejores cosas del universo. No sólo me dejó irme a Chiapas a una semana de haber entrado a trabajar: una noche me recibió con mis dos rumies a las 3 de la mañana con recalentado de pozole cuando veníamos de una fiesta. Luego la dueña de la revista exigió su sacrificio de sangre anual y pidió mi cabeza. Y desde entonces he sido vagabunda internacional y freelance de tiempo completo.




En 2015 me fui a Nicaragua a visitar a otra de mis grandes amigas editoras, y tras eso por fin conocí Nueva York. Ambos viajes fueron para mí el inicio de una nueva vida que estoy profundamente agradecida de tener. Nicaragua me recordó la diferencia entre viajar y simplemente cambiar de lugar, y Nueva York se convirtió en una de mis ciudades favoritas, y con el tiempo en mi segundo hogar.
Ahora reparto mi tiempo entre la Ciudad de México y Manhattan como mis dos bases, y he seguido viajando mucho por México, también por Estados Unidos y Centroamérica, y espero el próximo año ir a Sudamérica o volver a Europa.

En Harlem, en casa de mi amigo Jas, que me dio mi primer hogar en Nueva York.




Laboralmente he sido parte de proyectos increíbles: edité las memorias de un piloto que trabajó para aerolíneas de tres continentes, y eso me dio el regalo de conocer a alguien que, siendo piloto como mi papá, tuvo la vida plena y llena de aventuras divertidas que él no tuvo. Participé en la edición electrónica de un libro de ficción histórica que quedó atorado, en una enciclopedia sobre artistas del estado de Guanajuato, y mi portafolio de periodista freelance sigue creciendo con nombres tan impresionantes como National Geographic o Univisión.

En Harlem, con mis trencitas senegalesas que me hizo Mama Sissy.

También volví a enamorarme de alguien que conocí en 2016 en la fiesta de San Patricio, justo el mismo día que me enteré que mi ex se volvió a casar. Nos conocimos por un amigo alcohólico común que, siendo de padre irlandés no sabía del desfile de ese día porque para él la festividad era sólo beber. Aunque nacimos en extremos opuestos del planeta mi ahora compañero y yo compartimos muchas cosas fundamentales: valores, prioridades, dos idiomas y la capacidad de ser blasfemos en las dos mismas religiones (budismo y catolicismo).  También tenemos en común pequeñas tonterías que hacen el día a día más sencillo: vimos las mismas caricaturas con doblaje mexicano, sabemos las mismas canciones pop cursis y hemos leído a muchos de los mismos poetas. A ambos nos encanta viajar y tenemos el privilegio de tener un trabajo de locación independiente.


De picnic antes de una noche de películas en Bryant Park, Nueva York.

Hoy soy más feliz de lo que nunca había sido. He hecho cosas que jamás hubiera podido realizar si no hubiera perdido las vidas que tanto anhelé y trabajé por construir. Descubrí que a veces tenemos que dejar ir lo que queremos para encontrar lo que verdaderamente amamos. Y pues nada, aquí sigo, la vida sigue.


Foto: Todd Shaffer, de su roadtrip de Este a Oeste en Estados Unidos.


Abrazos a todas, cuéntenme por favor cómo están. Siempre las pienso, son parte del viento bajo mis alas y de la fuerza que me hace seguirme levantando. Con mucho amor,

A.

10 comentarios:

Sophie dijo...

Tantas cosas que has vivido, tantos lugares, personas, experiencias que parece te han enriquecido. Gracias por compartir tu camino, admiro como has transitado todo y sigues adelante con esas ganas...te deseo lon mejor y ojalá puedas seguirnos contando cómo sigues

LiLiTh (NeFeSh) dijo...

Gracias por tus palabras Sophie. Todas las personas que han pasado por este blog también me han ayudado mucho en mi camino, y el simple hecho de poner las cosas por escrito me salvó de muchas maneras. Te mando un gran abrazo.

BEATRIZ dijo...

No sè, siempre admiro a la gente que sabe hablar de sì misma con claridad.

Pareces inquieta y me identifico en eso.

LiLiTh (NeFeSh) dijo...

Hola Beatriz, muchas gracias por tu comentario. En efecto, soy muy inquieta. Gracias por pasar por aquí.

Anónimo dijo...

Gracias por seguir escribiendo :)

MuCha dijo...

de casualidad he entrado a tu espacio Bello claro con vos y tu vida un abrazo

LiLiTh (NeFeSh) dijo...

MuCha. Gracias por pasar. Tu comentario fue justo el día de mi cumpleaños, pero apenas lo leo. Abrazo

silvioafonso dijo...

Lilith, estava cheio de saudades
de voltar aqui, sabia?
Hoje, no entanto, eu tirei o dia
para falar da mulher. Da mulher mãe,
da mulher irmã, filha e esposa.

Tem vez que me dá na telha e
eu, bobinho que sou, falo por
ai sobre coisas que eu acho
que sei, mas talvez mal eu tenha
ouvido falar.

Te espero lá para saber se falei
a verdade, tá bem?
Beijos e abraços.


.

LiLiTh (NeFeSh) dijo...

¡Hola Silvio!
Apenas leo tu comentario. Entre que estoy muy desvelada, el traductor de google es lo peor del mundo y el portugués/español están llenos de falsos cognatos, no estoy cien por ciento segura de lo que dices. ¿Hablaste con ella? ¿Cómo fue todo? Creo que no importa que seas chico, lo que importa es falar, falar de todo lo que ella quiera, escucharla, y hablar quizá también de las cosas que no quiere y la lastiman.
Abrazo, poeta.

silvioafonso dijo...

Chica, tu vida es una novela
por capítulos varios y varios.

Usted una verdadero guerrera.

Un beso y fuerza, Chica.

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