martes, 4 de julio de 2006

El cerebro es grasa: Amélie Nothomb

Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo.
Amélie Nothomb, Biografía del hambre
Nació el 13 de agosto de 1967 en Kobe, Japón. Es una autora belga que escribe en francés. Su padre fue cónsul de Bélgica, lo que la llevó a vivir, además de en Japón, en China,Estados Unidos, Laos, Birmania y Bangladesh. Desde 1992 ha publicado una novela cada año.

En su libro Biografía del hambre (Anagrama, 2006) narra su experiencia con la anorexia. Antes de eso hace una apología de la glotonería que confrontará de pronto con las hambrunas vio en países como China e India y que le hicieron discubrir la dignidad de aparentar que el hambre no existe. La mezcla de estas vivencias con su ansia de belleza (no sólo de poseerla, sino de absorberla a través de los ojos hasta hartarse, experiencia que vive a través de la contemplación de una niñera de nombre Inge, quien hace voltear a todo mundo a su paso por las atestadas calles de Nueva York y le enseña el significado de una palabra terrible: "no") desencadenará un proceso de anorexia que la llevará a pesar treinta y dos kilos con un metro setenta de estatura.

Amélie Nothomb

Amélie narra los trucos que usaba para desviar la atención de sus padres, como pesarse con unos lingotes de metal debajo del suéter para aumentar su peso. Pero también destaca el lado ridículo y el lado hermoso, que lo hubo en su caso, de este padecimiento: "El cerebro está constituido esencialmente por grasa. Los más nobles pensamientos humanos nacen en la grasa. Para no perder la cabeza, volví a traducir, con fiebre, la Ilíada y la Odisea. A Homero le debo las pocas neuronas que me quedan".

Ya superada la anorexia, Amélie sigue viendo aquella experiencia como un reto, como un tema, no como una enfermedad. Nada en el tono de su narrativa, ni siquiera cuando describe cómo estuvo a punto de ser violada en la playa por unos jóvenes indios a los doce años, trasluce algo que no sea un profundo, satisfecho e inteligentísimo sentido del humor, comparable apenas con el de un niño refinadamente adulto. Una de las mayores virtudes de Nothomb sea quizá su capacidad para reírse de sus propias tragedias.

Un artículo de Eve Gil sobre Nothomb.

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