sábado, 9 de febrero de 2008

¿Padecer anorexia te hace un bulto sin voluntad?

Quise redactar esta entrada a partir de un blog que encontré, donde se habla bastante de la influencia de la familia en el tratamiento de los trastornos alimenticios.
Esta entrada me pareció maravillosa, pero los comentarios (aunados a otra entrada sobre consejos para los padres) chocaron mi defensa a ultranza de la libertad de elección.
Para mí la pregunta es: ¿acaso padecer anorexia te hace incapaz de decidir NADA sobre tu tratamiento? Mi opinión particular, es que al restarte poder de decisión se te nulifica como persona, se te asimila a objeto o animal... y eso no es recuperación.
Estoy de acuerdo que en casos muy extremos la intervención dedicida de familia o amigos es determinante. Pero también creo que la mayoría de los casos no llegan a esos niveles dramáticos, y que detrás de una intervención hay mucho por considerar.

Contaré hoy un caso que me tocó mucho, el de mi amiga S.M. Ella empezó a sufrir de anorexia a los 16 o 17 años.
Su anorexia fue tremenda, con prácticas purgativas y ejercicio excesivo que la dejaron en los huesos, descalcificada y en un estado de salud lamentable en menos de un año. Sus padres decidieron internarla. Aunque había alternativas a la hospitalización (y ella las prefería), la familia se decidió por eso porque nadie podía pasar mucho tiempo con ella vigilándola y cuidándola.
Creo que la decisión de la familia fue egoísta. Que salvó la vida de mi amiga, pero dañó mucho la relación de ella con sus padres.
Sus padres se estaban divorciando. Su padre había sido infiel, y ella conocía a "la otra" mujer (su padre se la presentó) lo cual la hacía sentir sumamente culpable y conflictuada.
Cuando se planteó lo de la hospitalización, su padre ya no vivía en la casa familiar y estaba de viaje de negocios. Su madre, agotada por el divorcio y víctima de una tremenda negación pasaba horas en su trabajo como organizadora de eventos. Su hermano mayor estaba por casarse con su novia embarazada (él tenía 24 y su novia 17) y quería terminar la universidad antes de volverse cabeza de familia.
Cualquiera de los tres pudo haberse quedado en casa con ella y apoyarla en un programa de clínica de día tras una brevísima hospitalización. NADIE lo hizo.
Tras una hospitalización bastante dramática, el hermano y el mejor amigo de S.M. dijero que ELLOS pensaban pasar tiempo con ella vigilándola para que se pudiera ir a casa. Su hermano no pudo cumplir al 100 por ciento, ocupado como estaba con la universidad y su boda, pero su mejor amigo pasó con ella días y noches terribles en que ella lloraba de dolor, sentía ganas de vomitar aunque solo tomara agua y los ansiolíticos no le servían de nada.
Después de eso, S.M. nunca volvió a confiar igual en su madre. Y la relación con su padre ya estaba bastante dañada por el asunto de la infidelidad. No creo que sus padres sean unos monstruos, pero sí creo que la dejaron sola en un momento difícil. Que no debieron abandonar a su hija en un hosptial si se le podía atender en casa, que debieron anteponer el bienestar de S.M. a sus intereses y problemas.

Creo que hay muchos casos complejos, aunque no sean iguales a éste. Y creo que se debió respetar la desición de mi amiga de no ser hospitalizada si había alternativa y si había gente (no sus padres) dispuesta a apoyarla en un tratamiento externo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Cuando lo inverosímil pasa, o la torcida fuerza del azar

Personajes:

yo: 24 años. Desde los 14 con anorexia (o lo que sea). Mi padre murió cuando tenía 11, mi primero novio cuando tenía 15, una de mis mejores amigas tuvo cáncer terminal cuando yo tenía 16. Después de eso nada es tan trágico... pero aún así, ando aún en proceso de sanar todo.
 
mi poeta: ni novio. llevo cinco años de conocerlo. Anduve dos años con él, rompimos por un año y llevamos un año de haber reiniciado la relación. Es adicto (a las drogas) en recuperación. Lleva cinco años y medio limpio.

mi terapeuta: 33 años, psicóloga, con formación de psicoanalista, también sufrió de anorexia y bulimia por 9 años. La terapia que manejé con ella no es psicoanálisis estricto.

mejor amigo de mi poeta o marido de mi terapeuta: es el mejor amigo, y a la vez el padrino (en un grupo de 12 pasos) de mi novio. Ahora es también marido (o pareja, no sé en realidad si se casaron) de mi terapeuta.

mi viaje: el verano pasado hice un viaje de casi cuatro meses a India, Marruecos y España.

La historia:

Tuve una crisis de anorexia (la última que he tenido) a los 21 años. Mi poeta, que en ese entonces no era mi pareja, me recomendó a una terapeuta especialista en TCA que trabajaba con su mejor amigo.

La terapia bien, lenta pero bien. Y sobre todo, me ayudó mucho con algunas cosas que para mí eran duras en ese momento.

Ocho meses después... Suspendí para irme a India, mi terapeuta estuvo de acuerdo y todo muy lindo. Y a mi regreso resultó que ella estaba embarazada del amigo de mi poeta (mi poeta y yo llevábamos para ese entonces unos cinco o seis meses de estar juntos de nuevo). Y lo peor, yo me enteré del asunto porque mi poeta, influenciado por la paranoia de su amigo, me lo contó. El caso es que yo tuve varicela en España y el amigo no quería correr el riesgo de que yo pusiera en peligro a su bebé. Por eso decidieron decirme lo que no me habían dicho en casi un año.

Regresé a terapia, pero no fue igual. Digo, a mi terapeuta la veía embarazada, pero no hablamos de que yo conozco al papá de su hija. Y al final, creo que la situación me fue bloqueando, que me sentí incómoda y dejé de hablar en las sesiones. Al final hice un cierre de terapia y puse fin al asunto.

Pero ahora, un par de meses después, me doy cuenta de que en el proceso de sanar abrió heridas que ni siquiera notaba que tenía, y que necesito cerrarlas. No sé si regresar con mi terapeuta (la situación es rara... se supone que uno no sabe nada del terapeuta, y yo me he ido de farra con su ahora marido) o si cambiar.

En fin, creo que este es el tipo de cosas RARAS (no digo buena ni mala) en que sólo yo me meto. Accedí a ir con mi terapeuta sabiendo que era compañera de trabajo de alguien que conozco, y descubrí que es muy profesional y muy capaz... pero creo que me decepcionó un poco. Ya hablé con ella y le dije que me hubiera gustado saber de boca de ELLA si había alguna interferencia en terapia. Ella dice que si yo lo sentí pude haberlo preguntado... y yo simplemente lo imaginé, se lo pregunté al poeta, él negó todo y yo le creí. Luego me enteré como me enteré. Pero pasado aparte, ahora tengo miedo de que en el futuro ocurra algún otro evento extraño y mi poeta o su amigo intervengan en un proceso de MI recuperación que se supone ocurre entre cuatro paredes (el consultorio) entre dos personas (la terapeuta y yo).

Me terapeuta dice que ella consideró que lo mejor terapéuticamente era dejar que yo preguntara. Pero lo que hicieran su marido y mi poeta estaba fuera de su control. Y cuando yo me fui ella no sabía que estaba embarazada. Y cuando regresé, nunca imaginó que su marido entraría en paranoia con las consiguientes consecuencias.

Ella me pidió una disculpa, pero sostiene que hizo lo mejor que pudo. Y que ella siente que no se equivocó en nada.

Yo digo que hubo un error, que definitivamente NO fue su culpa (fue algo complejo e imprevisto) y me gustaría que alguien me dijera si estoy en lo cierto.

lunes, 28 de enero de 2008

¿Por qué falla la terapia?

Porque la paradoja es:
O aquí no hubo errores, y yo me siento mal simplemente porque estoy loca.
O sí hubo errores y no los reconoces, o porque San Freud te excusa, o porque el corpus del psicoanálisis te respalda, o por simple orgullo laboral.
O eres humana y sí te puedes equivocar, y sí hubo errores y merezco una disculpa real, no una simple disculpa "para poderme sentir mejor".
O la finalidad de la terapia es que uno logre sentirse así de mal, así de alienado, así de triste, enojado y frustrado. Y entonces, a la mierda con Freud y su invento burgués.

Escrito por la plática post fin de la terapia con S. del jueves 24 de enero.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Ortodoncia segunda parte: Inicia la odisea

Luego de radiografías y algunas consultas con diferentes personas para ver qué se podía hacer para corregir los dientes que se me enchuecaron con las muelas del juicio, la próxima semana empezaré a usar un aparato de nuevo.
El aparato será una placa Hawley, que es un paladar de acrílico con alambres y ganchos para mover los dientes. Suena horrible, y no se ve muy estético, pero ya puesto casi no se nota y corregirá completamente el problema de mi premolar y en un 80 por ciento o más lo del diente frontal.

Dudé de si optar por este aparato, porque lo asocio con los que usan los niños de primaria, pero buscando en internet y hablando con la odontóloga creo que fue la mejor elección: corrige más rápido que las placas Essix (son las guardas de plástico transparente), se puede activar en cada visita al ortodoncista y a diferencia de los brackets es removible y más económico.
Ahora sólo me queda esperar al miércoles que me den el aparato y empiece otra vez el dulce dolor del ajuste de dientes, con todo el sufrimiento/placer que ello implica.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Las razones detrás

Hace tiempo quería escribir este post sobre las razones que en mi caso me llevaron a la anorexia. No lo había hecho por falta de tiempo, pero también porque no es algo sencillo de escribir.

Primero, soy la primogénita, y mi padre, como buen macho mexicano, siempre quiso que su primer hijo fuera varón. Desde ahí, durante toda mi infancia, no importando lo que hiciera, nunca lograba darle gusto del todo. Nunca mis esfuerzos eran suficientes para satisfacerlo, y eso me dejó el miedo indeleble a nunca ser suficientemente buena, lista o perfecta. Aunque mi padre murió cuando yo tenía once años la marca de nunca haber sido lo que esperaba quedó en mí.

Luego, el hecho de que la familia de mi madre es muy católica, y dentro de la tradición del catolicismo hay una tendencia al ascetismo, el autosacrificio y la privación que en mí es bastante grande.

Eso, sumado al hecho de que siempre sentí que mi cuerpo físico era la parte más débil de mi "yo" lo explica casi todo.

Supongo que además, sería importante decir que siempre he sido muy perfeccionista, con una gran tendencia tratar de satisfacer a los demás. Y en la anorexia encontré una forma de decir "basta" cuando no me permitía decirlo de ninguna otra forma.
Isaí Moreno
La soledad es de piedra


Respondiendo también al comentario de Oveja rosa, me pregunto, ¿qué de eso sigue presente en mí? La terapia me ayudó mucho sobre todo con la primera parte, con lo de mi padre. Eso era algo que no tenía claro antes de estar en tratamiento. Ahora, a veces sigo escuchando la voz que me dice "no es suficiente", pero simplemente trato de hacer lo mejor y comprender que, como todos, tengo mis imposibles y mis límites.

Sobre el cuerpo me ha ayudado mucho aprender a bailar, tomar clases de yoga, y claro, tener buen sexo. Para mí esas tres serían las mejores formas de poner en comunión a mi cuerpo con el resto de mí.

Perfeccionista sigo siendo, pero la terapia también me ayudó a perdonarme más, a trazar límites a mis autoexigencias. Y aprender a decir "no puedo" ha sido un largo proceso en mi vida, que supongo sigue en camino.

Por eso como decía, quizá no existe la recuperación completa, pero sí una mejora significativa. Y después de todo, lo bueno de estar tan mal es que puedes después apreciar las cosas que valen la pena de la existencia.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Anorexia y ortodoncia

Este es un tema raro, pero seguro algunos me comprenderán. Cuando tenía 17 años usé brackets para corregir la posición de mis dientes. El tratamiento fue duro, bastante doloroso en ocasiones, y duró un año ocho meses. Usé brackets metálicos arriba y abajo, y resortes, ligas y alambres extra para abrir espacio en mi mandíbula. (Si quieren darse una idea de lo que pasé, vean este video, sólo la primera parte, de "Apertura de espacios")

Sé que para mucha gente es normal bajar de peso durante un tratamiento de ortodoncia, pero en mi caso sólo fue un pretexto más para no comer.
Hace un año me sacaron dos muelas del juicio (las dos de abajo) y durante la semana que duré inflamada bajé un kilo y medio, aunque estaba ya en tratamiento con una nutrióloga para subir de peso. A mí psicóloga le alarmó lo rápido que perdí peso, y estuvo a punto de suspenderme la terapia --ya saben, las negociaciones de que si bajas más allá de un cierto peso te suspenden las sesiones hasta que recuperes peso--.
Ahora, con lo de las muelas, se me han movido algunos dientes y me gustaría corregirlos, aunque no sé si eso me vaya a hacer dejar de comer como antes...
Además, no sé si será masoquismo, pero en cierto modo disfrutaba el dolor de los cambios de ligas... ¿estaré loca?

lunes, 12 de noviembre de 2007

Libros on line en inglés

Estos son algunos libros que se pueden comprar por internet. Vienen en inglés y son para ayudar en trastornos de alimentación o problemas relacionados.

Tratamiento de la anorexia en casa
La dinámica de vivir en una familia disfuncional
Duelo ante el suicidio
Cómo crear un plan de alimentación con tus alimentos favoritos
Cómo detener los atracones
Programa anti-estrés de 21 días
Curar el insomnio sin medicamentos
Combatir la depresión
Técnicas de yoga

martes, 30 de octubre de 2007

Simone Weil

Manchar es alterar, tocar. Lo bello es lo que no se puede querer cambiar.


––Simone Weil, La gravedad y la gracia.

Es considerada una de los pocos místicos del siglo XX. Nació en en París en 1909, en una familia judía, intelectual y laica. En su adolescencia estudió filosofía y literatura clásica. A los 19 años ingresó a la Ecole Normale Superiore junto con Simone de Beauvoir y obtuvo calificaciones más altas que la famosa filósofa. De su apariencia física, hay quienes afirman que se esforzaba por resultar fea, a fin de no llamar la atención por otra cosa que no fuera su pensamiento.


Fue una marxista apasionada. A los 25 años trabajó un año como operaria manual en diversas fábricas, no solo por solidaridad con los obreros, sino para meterse en la piel de estos y comprenderlos mejor. Se dejó encarcelar, acusada de gaullismo, porque deseaba consolar a los presos, en especial a las prostitutas. Posteriormente viajó a Norteamérica donde exploró Harlem, e hizo amistad con numerosas muchachas negras en una iglesia baptista.

En abril de 1943 se le diagnosticó tuberculosis y fue ingresada en un hospital de Londres. El dolor de no poder apoyar a la resistencia francesa la hizo imponerse el sacrificio de comer solamente la ración de alimento que a sus compatriotas detenidos les era permitido. Su cuerpo era para ella lo menos importante, lo menos necesario, y lo sacrificó en aras de un compromiso político. Su desnutrición –que ya había comenzado mucho tiempo antes– y su debilidad física le ocasionaron la muerte cinco meses después. Oficialmente se considera su muerte como suicidio por anorexia.




Sobre su obra y su vida.

El striptease de matarse lentamente

"Morir es un arte. Y yo lo hago excepcionalmente bien."
--Sylvia Plath

Este post surgió por algo que leí en un blog argentino . Me parece que la frase (ambas, la del título y el epígrafe) describen muy bien lo que es la anorexia.

viernes, 26 de octubre de 2007

Ni soy perfecta ni eres Adonis

Segunda cosa de la que me enteré: que cuando empezamos yo no le gustaba. De hecho por ese asunto una vez protagonizamos una escena horrible en la playa. Llevábamos una semana durmiendo sobre la arena, arrullados por el mar. Era perfecto, salvo porque no teníamos agua corriente y yo no podía lavarme la cabeza. Y con eso de hacer el amor en la playa, mi pelo era un desastre. Le pedí que por un día comiéramos en lugar donde tuvieran regaderas para poder bañarme bien, pero se negó porque la comida era mejor en otro lado. A cambio, se ofreció a servirme como regadera arrojando el agua sobre mi espalda. Pero mientras me bañaba me dijo "Deberías ponerte a hacer ejercicio". Hoy sé que lo dijo porque me vio demasiado flaca, pero en ese momento ni siquiera sé explicar lo que sentí. Sólo sé que lloré por varias horas y después casi no quise salir, mucho menos ponerme traje de baño. Al regreso tomó unos días que lo dejara verme desnuda de nuevo.

Al final, eso pasó. Digo, mi principal problema nunca ha sido la imagen frente al espejo. Pero esto me lleva a la cuestión de cómo nos afecta la percepción de la gente que nos rodea sobre nuestro cuerpo.

Tal vez en cierto modo soy muy poco para él. Y no lleno sus expectativas: no tengo pechos y estoy muy flaca para sus cánones. Tal vez no soy la mujer buenísima que te imagina le corresponde, quizá lo piensa así porque nunca se ha mirado al espejo con honestidad, o tal vez porque el machismo que lo hace ver a la mujer como símbolo de status, para compensar sus inseguridades, para presumir.

Y sé que no soy la única que padece esto. ¿A cuántas mujeres no las ha destruido un comentario de alguien que aman?
Y así y todo soy, y quizá siempre sea lo mejor que te ha pasado en la vida.

Mentiras que cambian el pasado

Han pasado varios días desde la última vez que escribí. En general he estado bien con la comida y eso, pero ayer en la noche me enteré de un asunto que me dejó temblando y con gastritis.
Como dice Javier Marías, el escritor español, a menudo pensamos que nuestro pasado es fijo e inalterable, que sólo el presente y el futuro son móviles. Sin embargo, en ocasiones descubrimos algo que hace que se altere nuestro pasado, o al menos la idea que nosotros teníamos de él. Entonces todo parece brumoso e incierto, ya no sabemos en qué podemos creer. Eso me pasó ayer.
No aclararé cómo lo supe. Digamos que fue incidental. Supe que mi amiga y mi chico --quienes se dicen "hermano" y hermana", siempre han trabajado juntos y se llevan super bien-- estuvieron saliendo juntos hace casi un año. Cabe aclarar que en ese tiempo mi chico y yo habíamos roto --duramos un año separados-- y el tiempo en que eso sucedió (cuatro meses a lo más) estuvo justo como a la mitad de nuestra ruptura. Es decir, en teoría no hay nada que reprochar. Pero la verdad es otra: sí me desconcertó saber que hubo algo más entre ellos. Eso me ayudó a explicarme bajo otra luz muchas cosas que sucedieron desde entonces, y desde antes, y tambien me hizo preguntarme desde cuando mi chico sentía algo por mi amiga.
Indagando más, supe que a él ella le gustaba desde hacía un buen tiempo. Sin embargo, en los hechos, su conducta fue siempre irreprochable: nunca hubo nada de más, ni un toque, ni un abrazo ni nada. Y cuando hubo algo, él ya no estaba conmigo.
Sin embargo, también me enteré de otras cosas que lastiman... Pero seguiré con el desahogo en otro post.

lunes, 15 de octubre de 2007

A un kilo del alta

La semana pasada fui con la nutrióloga y hubo buenas noticias: ya sólo me falta un kilo para alcanzar mi peso meta. Es decir, estoy a un quilo de distancia de el alta. Pero, ¿qué significa realmente eso? ¿Que estoy curada? Creo que uno no se cura nunca del todo, que esto es como un demonio que permanece agazapado en algún lugar de tu mente, esperando el momento para lanzársete al cuello. Por eso hay que estar alerta todo el tiempo, para no caer en el círculo vicioso de depresión-no comer-depresión que a la larga resulta mortal.
Y, ¿cómo me siento con todo esto? Por un lado, aunque a mí nunca me ha obsesionado mucho el peso, la verdad es que a veces quisiera sentirme y verme más frágil, como cuando pesaba menos. Pero la realidad es que, distorsiones aparte, me veo casi igual que siempre y me queda la misma ropa. Sólo que la cara se me ve un poco menos esquelética, lo cual está bien.

Como lo aprendí hace tiempo, el truco es que cuando uno empieza a preocuparse de más por el peso debe preguntarse: ¿qué está pasando en mi vida, me siento a gusto con lo que estoy haciendo, qué es lo que me gustaría cambiar, qué es lo que siento que no puedo controlar? Normalmente responder esas preguntas ilumina mucho más que obsesionarse con la báscula y el espejo.
La anorexia en la mayoría de los casos es una forma grotesca de recuperar el control sobre nuestras vidas al intentar controlar nuestro peso.
Bueno, pues deseénme suerte en la próxima visita, esperemos que al fin alcance mi peso.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Carta a mi padre

Si para ser totalmente adultos hay que, como dice Freud, matar al padre, al menos en eso ya voy de gane.

Pero estar sin ti es casi como tener una pierna o un brazo de menos. Duele y sabes que falta, miras donde debería estar y no hay nada.

¿Por qué de entre todos los trabajos del mundo elegiste ese? ¿Sabías lo que podía pasar? ¿Te imaginabas que nos ibas a dejar, la falta que le ibas a hacer a mi hermano, a mi mamá, a mí? ¿La falta que de por sí nos hacías?

Nunca te tuve. Me hiciste falta para sentirme segura, protegida, querida, aceptada. Nunca supe si te sentiste orgulloso de mí.

Y sin embargo, de alguna manera te encuentro en mí a cada rato. En mi fuerza, en mi carácter; pero también en mis defectos, en mis obsesiones, en la terquedad, lo inflexible, lo perfeccionista, lo dura, lo cruel.

Pintura: Rafael Gaytán


Me duele que faltes porque eres irrecuperable, porque nada puedo yo -o puede nadie- para remediar tu pérdida. Porque es saberme perpetuamente incompleta, toparme con todo lo que me falta y siempre me va a faltar. A veces la ausencia es insoportable para mí que me he pasado la vida tratando de concentrarme en lo que sí tengo, en lo que puedo hacer, en esforzarme, en hacer siempre más. Ahora resulta que nada de eso llena el vacío: faltas y faltas para siempre.

Luego lo peor: que tampoco tengo recuerdos idílicos de ti a que aferrarme. Que sí, me ha hecho falta mi papá muchas veces, pero me hiciste falta y me haces falta no sólo porque hayas muerto, sino desde antes.

Hay veces que me gustaría que te hubieras tomado el tempo de hablar conmigo, de conocerme, de dejar que te conociera. Porque más que una presencia, a menudo vienes a ser el hueco donde caben todas mis ausencias, la mano o la pierna que no tengo. A veces eres mi justificante para tener miedo. Y quizá detrás del 'no es suficiente' que me acosa, en el fondo hay un eco de tu voz, de tu mirada.

Mi consuelo es que a todos nos falta algo. Es lo que nos hace imprefectos y susceptibles de ser amados.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Encerrada en un cuarto de pánico

Este es un post que hace mucho quería escribir. Lo pensé en Barcelona, cuando me encontré allá con mi chico y él me dijo que me veía algo demacrada y que podía notar cómo me ponía diferente con el agotamiento. El caso es que en ese entonces yo iba regresando de India (un viaje maravilloso, pero nada fácil) y sí estaba un poco decaída. Él me dijo que me notaba a la defensiva, un poco agresiva en el sentido de yo-lo-sé-todo y triste. Y sí, en resumidas cuentas diría que esos son los síntomas con los que se manifiestan mis bajones o mis conatos de recaída.
A partir de esa plática concluí que una crisis de anorexia es un poco como quedarse encerrada en un cuarto de pánico (panic room) y perder la llave. No sabes como salir, sientes que el aire se agota, no puedes comunicarte con la gente que está en el exterior y quizá hasta te entra un poco de claustrofobia.
Finalmente, la desesperación se va adueñando de ti y empiezas asfixiarte lentamente... ¿Les suena familiar? Pues bien, salir del cuarto cerrado no es fácil, pero quedarse dentro es mortal; así que hay que armarse de valor y empezar a abrir la puerta poco a poco.
Foto: Helmut Newton

Fin de la terapia

La semana pasada mi terapeuta me dijo que daba por terminada la terapia. Más que un alta es aceptar que había llegado a un momento de estancamiento en la terapia, donde ya no le encontraba sentido a seguir hablando sobre mí… porque simplemente no había mucho que me molestara o doliera. Y como admite mi terapeuta, no se trata de encontrarle el lado malo a lo que no lo tiene.

Debo de aceptar que, muy en el fondo de mí, esto me deja un poquito a la deriva. Por un lado me da gusto, porque significa que estoy mucho mejor que hace un año, que soy más capaz de expresarme y de abrirme que antes, que me río más, que acepto más mis errores. Pero por otro lado, si comparo mi proceso de recuperación con el de mi chico (el es adicto a las drogas en recuperación) el mío me parece increíblemente breve.

Sin embargo, trabajar con los defectos de carácter y afrontar las altas y las bajas de la vida es un camino interminable, sólo que por ahora lo recorreré yo sola.

Supongo que esto también me hará escribir más a menudo. Después de todo, este blog también es una forma de terapia.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Más allá de la comida

El asunto con los TCA no es tanto la comida en sí, sino lo que ella simboliza para el enfermo. He escuchado muchos casos de chicas que no comen nada, y sin embargo pasan gran parte de su tiempo pensando en la comida.
En mi caso, nunca pensé demasiado en la comida... simplemente cuando llegaba la hora de comer, no comía.
Pero como decía al principio, el punto es lo que la comida simboliza. En mi caso, al privarme de alimentos me castigaba de alguna forma por algo de lo que me sintiera culpable, y dirigía contra mí misma el enojo que sentía.

Cuadro: Julio Larraz

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