martes, 30 de octubre de 2007

Simone Weil

Manchar es alterar, tocar. Lo bello es lo que no se puede querer cambiar.


––Simone Weil, La gravedad y la gracia.

Es considerada una de los pocos místicos del siglo XX. Nació en en París en 1909, en una familia judía, intelectual y laica. En su adolescencia estudió filosofía y literatura clásica. A los 19 años ingresó a la Ecole Normale Superiore junto con Simone de Beauvoir y obtuvo calificaciones más altas que la famosa filósofa. De su apariencia física, hay quienes afirman que se esforzaba por resultar fea, a fin de no llamar la atención por otra cosa que no fuera su pensamiento.


Fue una marxista apasionada. A los 25 años trabajó un año como operaria manual en diversas fábricas, no solo por solidaridad con los obreros, sino para meterse en la piel de estos y comprenderlos mejor. Se dejó encarcelar, acusada de gaullismo, porque deseaba consolar a los presos, en especial a las prostitutas. Posteriormente viajó a Norteamérica donde exploró Harlem, e hizo amistad con numerosas muchachas negras en una iglesia baptista.

En abril de 1943 se le diagnosticó tuberculosis y fue ingresada en un hospital de Londres. El dolor de no poder apoyar a la resistencia francesa la hizo imponerse el sacrificio de comer solamente la ración de alimento que a sus compatriotas detenidos les era permitido. Su cuerpo era para ella lo menos importante, lo menos necesario, y lo sacrificó en aras de un compromiso político. Su desnutrición –que ya había comenzado mucho tiempo antes– y su debilidad física le ocasionaron la muerte cinco meses después. Oficialmente se considera su muerte como suicidio por anorexia.




Sobre su obra y su vida.

El striptease de matarse lentamente

"Morir es un arte. Y yo lo hago excepcionalmente bien."
--Sylvia Plath

Este post surgió por algo que leí en un blog argentino . Me parece que la frase (ambas, la del título y el epígrafe) describen muy bien lo que es la anorexia.

viernes, 26 de octubre de 2007

Ni soy perfecta ni eres Adonis

Segunda cosa de la que me enteré: que cuando empezamos yo no le gustaba. De hecho por ese asunto una vez protagonizamos una escena horrible en la playa. Llevábamos una semana durmiendo sobre la arena, arrullados por el mar. Era perfecto, salvo porque no teníamos agua corriente y yo no podía lavarme la cabeza. Y con eso de hacer el amor en la playa, mi pelo era un desastre. Le pedí que por un día comiéramos en lugar donde tuvieran regaderas para poder bañarme bien, pero se negó porque la comida era mejor en otro lado. A cambio, se ofreció a servirme como regadera arrojando el agua sobre mi espalda. Pero mientras me bañaba me dijo "Deberías ponerte a hacer ejercicio". Hoy sé que lo dijo porque me vio demasiado flaca, pero en ese momento ni siquiera sé explicar lo que sentí. Sólo sé que lloré por varias horas y después casi no quise salir, mucho menos ponerme traje de baño. Al regreso tomó unos días que lo dejara verme desnuda de nuevo.

Al final, eso pasó. Digo, mi principal problema nunca ha sido la imagen frente al espejo. Pero esto me lleva a la cuestión de cómo nos afecta la percepción de la gente que nos rodea sobre nuestro cuerpo.

Tal vez en cierto modo soy muy poco para él. Y no lleno sus expectativas: no tengo pechos y estoy muy flaca para sus cánones. Tal vez no soy la mujer buenísima que te imagina le corresponde, quizá lo piensa así porque nunca se ha mirado al espejo con honestidad, o tal vez porque el machismo que lo hace ver a la mujer como símbolo de status, para compensar sus inseguridades, para presumir.

Y sé que no soy la única que padece esto. ¿A cuántas mujeres no las ha destruido un comentario de alguien que aman?
Y así y todo soy, y quizá siempre sea lo mejor que te ha pasado en la vida.

Mentiras que cambian el pasado

Han pasado varios días desde la última vez que escribí. En general he estado bien con la comida y eso, pero ayer en la noche me enteré de un asunto que me dejó temblando y con gastritis.
Como dice Javier Marías, el escritor español, a menudo pensamos que nuestro pasado es fijo e inalterable, que sólo el presente y el futuro son móviles. Sin embargo, en ocasiones descubrimos algo que hace que se altere nuestro pasado, o al menos la idea que nosotros teníamos de él. Entonces todo parece brumoso e incierto, ya no sabemos en qué podemos creer. Eso me pasó ayer.
No aclararé cómo lo supe. Digamos que fue incidental. Supe que mi amiga y mi chico --quienes se dicen "hermano" y hermana", siempre han trabajado juntos y se llevan super bien-- estuvieron saliendo juntos hace casi un año. Cabe aclarar que en ese tiempo mi chico y yo habíamos roto --duramos un año separados-- y el tiempo en que eso sucedió (cuatro meses a lo más) estuvo justo como a la mitad de nuestra ruptura. Es decir, en teoría no hay nada que reprochar. Pero la verdad es otra: sí me desconcertó saber que hubo algo más entre ellos. Eso me ayudó a explicarme bajo otra luz muchas cosas que sucedieron desde entonces, y desde antes, y tambien me hizo preguntarme desde cuando mi chico sentía algo por mi amiga.
Indagando más, supe que a él ella le gustaba desde hacía un buen tiempo. Sin embargo, en los hechos, su conducta fue siempre irreprochable: nunca hubo nada de más, ni un toque, ni un abrazo ni nada. Y cuando hubo algo, él ya no estaba conmigo.
Sin embargo, también me enteré de otras cosas que lastiman... Pero seguiré con el desahogo en otro post.

lunes, 15 de octubre de 2007

A un kilo del alta

La semana pasada fui con la nutrióloga y hubo buenas noticias: ya sólo me falta un kilo para alcanzar mi peso meta. Es decir, estoy a un quilo de distancia de el alta. Pero, ¿qué significa realmente eso? ¿Que estoy curada? Creo que uno no se cura nunca del todo, que esto es como un demonio que permanece agazapado en algún lugar de tu mente, esperando el momento para lanzársete al cuello. Por eso hay que estar alerta todo el tiempo, para no caer en el círculo vicioso de depresión-no comer-depresión que a la larga resulta mortal.
Y, ¿cómo me siento con todo esto? Por un lado, aunque a mí nunca me ha obsesionado mucho el peso, la verdad es que a veces quisiera sentirme y verme más frágil, como cuando pesaba menos. Pero la realidad es que, distorsiones aparte, me veo casi igual que siempre y me queda la misma ropa. Sólo que la cara se me ve un poco menos esquelética, lo cual está bien.

Como lo aprendí hace tiempo, el truco es que cuando uno empieza a preocuparse de más por el peso debe preguntarse: ¿qué está pasando en mi vida, me siento a gusto con lo que estoy haciendo, qué es lo que me gustaría cambiar, qué es lo que siento que no puedo controlar? Normalmente responder esas preguntas ilumina mucho más que obsesionarse con la báscula y el espejo.
La anorexia en la mayoría de los casos es una forma grotesca de recuperar el control sobre nuestras vidas al intentar controlar nuestro peso.
Bueno, pues deseénme suerte en la próxima visita, esperemos que al fin alcance mi peso.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Carta a mi padre

Si para ser totalmente adultos hay que, como dice Freud, matar al padre, al menos en eso ya voy de gane.

Pero estar sin ti es casi como tener una pierna o un brazo de menos. Duele y sabes que falta, miras donde debería estar y no hay nada.

¿Por qué de entre todos los trabajos del mundo elegiste ese? ¿Sabías lo que podía pasar? ¿Te imaginabas que nos ibas a dejar, la falta que le ibas a hacer a mi hermano, a mi mamá, a mí? ¿La falta que de por sí nos hacías?

Nunca te tuve. Me hiciste falta para sentirme segura, protegida, querida, aceptada. Nunca supe si te sentiste orgulloso de mí.

Y sin embargo, de alguna manera te encuentro en mí a cada rato. En mi fuerza, en mi carácter; pero también en mis defectos, en mis obsesiones, en la terquedad, lo inflexible, lo perfeccionista, lo dura, lo cruel.

Pintura: Rafael Gaytán


Me duele que faltes porque eres irrecuperable, porque nada puedo yo -o puede nadie- para remediar tu pérdida. Porque es saberme perpetuamente incompleta, toparme con todo lo que me falta y siempre me va a faltar. A veces la ausencia es insoportable para mí que me he pasado la vida tratando de concentrarme en lo que sí tengo, en lo que puedo hacer, en esforzarme, en hacer siempre más. Ahora resulta que nada de eso llena el vacío: faltas y faltas para siempre.

Luego lo peor: que tampoco tengo recuerdos idílicos de ti a que aferrarme. Que sí, me ha hecho falta mi papá muchas veces, pero me hiciste falta y me haces falta no sólo porque hayas muerto, sino desde antes.

Hay veces que me gustaría que te hubieras tomado el tempo de hablar conmigo, de conocerme, de dejar que te conociera. Porque más que una presencia, a menudo vienes a ser el hueco donde caben todas mis ausencias, la mano o la pierna que no tengo. A veces eres mi justificante para tener miedo. Y quizá detrás del 'no es suficiente' que me acosa, en el fondo hay un eco de tu voz, de tu mirada.

Mi consuelo es que a todos nos falta algo. Es lo que nos hace imprefectos y susceptibles de ser amados.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Encerrada en un cuarto de pánico

Este es un post que hace mucho quería escribir. Lo pensé en Barcelona, cuando me encontré allá con mi chico y él me dijo que me veía algo demacrada y que podía notar cómo me ponía diferente con el agotamiento. El caso es que en ese entonces yo iba regresando de India (un viaje maravilloso, pero nada fácil) y sí estaba un poco decaída. Él me dijo que me notaba a la defensiva, un poco agresiva en el sentido de yo-lo-sé-todo y triste. Y sí, en resumidas cuentas diría que esos son los síntomas con los que se manifiestan mis bajones o mis conatos de recaída.
A partir de esa plática concluí que una crisis de anorexia es un poco como quedarse encerrada en un cuarto de pánico (panic room) y perder la llave. No sabes como salir, sientes que el aire se agota, no puedes comunicarte con la gente que está en el exterior y quizá hasta te entra un poco de claustrofobia.
Finalmente, la desesperación se va adueñando de ti y empiezas asfixiarte lentamente... ¿Les suena familiar? Pues bien, salir del cuarto cerrado no es fácil, pero quedarse dentro es mortal; así que hay que armarse de valor y empezar a abrir la puerta poco a poco.
Foto: Helmut Newton

Fin de la terapia

La semana pasada mi terapeuta me dijo que daba por terminada la terapia. Más que un alta es aceptar que había llegado a un momento de estancamiento en la terapia, donde ya no le encontraba sentido a seguir hablando sobre mí… porque simplemente no había mucho que me molestara o doliera. Y como admite mi terapeuta, no se trata de encontrarle el lado malo a lo que no lo tiene.

Debo de aceptar que, muy en el fondo de mí, esto me deja un poquito a la deriva. Por un lado me da gusto, porque significa que estoy mucho mejor que hace un año, que soy más capaz de expresarme y de abrirme que antes, que me río más, que acepto más mis errores. Pero por otro lado, si comparo mi proceso de recuperación con el de mi chico (el es adicto a las drogas en recuperación) el mío me parece increíblemente breve.

Sin embargo, trabajar con los defectos de carácter y afrontar las altas y las bajas de la vida es un camino interminable, sólo que por ahora lo recorreré yo sola.

Supongo que esto también me hará escribir más a menudo. Después de todo, este blog también es una forma de terapia.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Más allá de la comida

El asunto con los TCA no es tanto la comida en sí, sino lo que ella simboliza para el enfermo. He escuchado muchos casos de chicas que no comen nada, y sin embargo pasan gran parte de su tiempo pensando en la comida.
En mi caso, nunca pensé demasiado en la comida... simplemente cuando llegaba la hora de comer, no comía.
Pero como decía al principio, el punto es lo que la comida simboliza. En mi caso, al privarme de alimentos me castigaba de alguna forma por algo de lo que me sintiera culpable, y dirigía contra mí misma el enojo que sentía.

Cuadro: Julio Larraz

sábado, 25 de agosto de 2007

Yoga

Siguiendo con el tema de la recuperación, quisiera hablarles de algo que a mí verdaderamente me salvó, y me ha ayudado incluso más que la terapia, porque los resultados son inmediatos y constantes: practicar yoga.
El hatha yoga es un tipo de yoga conocido por su práctica de asanas o posturas corporales. Significa unión de los opuestos. Es uno de los métodos de yoga más difundido en todo el mundo y su finalidad es preparar el cuerpo para la meditación.
Ayuda a mejorar la postura y la concentración, y también a manejar el estrés y la tensión a través de técnicas de respiración y relajación.
A mí me ha servido para conocer mi cuerpo y sentirme más a gusto con él, para sentirme más "en casa", menos encerrada.
Foto: Lorenzo de Quirós
Además, el yoga es una disciplina integral, que ayuda a la unión del cuerpo y la mente. O sea que lo recomiendo bastante para quienes padecemos TCAs.

La terapia, ¿qué hace que funcione?

Nunca me ví a mi misma haciendo terapia. Mucho menos después de los fracasos en distintos intentos... Pero cumplo un año (menos los meses del viaje) de estar en terapia, y puedo decir que realmente funciona.
Al menos a mí me ha ayudado para ser un poco menos dura conmigo misma, para permitirme sentir antes de pensar, para aprender a validar lo que siento, para reconocer mis errores, para perdonarme un poco y reconocer las causas que hay detrás de la anorexia.
Sigo creyendo sin embargo, que la terapia no es para todos. Pero a veces es agradable sentir que no estás solo, contar con un poco de ayuda y una guía. Para mí lo que me convenció de quedarme con mi terapeuta fue su respuesta sencilla a mi comentario de que después de todo ella era sólo una desconocida: "Sí, pero también yo he estado del lado que tú estás." Y en efecto, lo ha estado. Anorexia y bulimia por nueve años la hacen comprender.
Ahora bien, ¿qué hace que funcione un proceso terapéutico? Yo creo que son varias cosas, pero primero que nada, creo que las ganas de que funcione. Segundo, la confianza. Claro que para confiar debes asegurarte de estar en manos de un profesional bien capacitado. Tercero, la paciencia y la perseverancia. A veces, sobre todo con terapia cognitivo-conductual o psicoterarpia se pueden ver resultados rápidos. Pero también llegan momentos de estancamiento, y hay que ser paciente con eso, y estar siempre dispuesto a trabajar duro con las cosas que nos lastiman. Y cuarto, tener en mente que, como me dice una amiga con formación de psicoanalista, al final lo que cura es la relación humana.

Si hay algunos de ustedes que vivan en la Ciudad de México puedo recomendarles a mi terapeuta... si no, les deseo en verdad suerte con su búsqueda.

Vuelta del viaje

Por fin de regreso de un largo viaje, hasta el otro extremo del mundo. Las exigencias del nomadismo me llevaron a agradecer por los últimos meses de buena nutrición y la prevención de receterme vitaminas: no me enfermé de nada, e incluso escapé a la diarrea del viajero que el Tercer mundo cobra como cuota de entrada.
Por supuesto, las clases de escalar y de yoga también sirvieron bastante, y al final la experiencia fue extraordinaria. (Para saber más de mi vida que sí es vida click acá. Nadie de ese blog sabe de este. Pero ustedes pueden visitarlo si quieren ;) )
Caminar tantos kilómetros entre plantaciones de té, montañas, orillas de lagos y ríos, costas y desiertos me hicieron sentir que verdaderamente la recuperación vale la pena. Ahora, a seguir luchando por ella...
Foto: Lorenzo de Quirós

lunes, 19 de marzo de 2007

No dejar que la enfermedad nos ate

Lo que la anorexia nos revela no es la preeminencia del espíritu sobre la materia, sino la inevitabilidad del cuerpo.

Louise Glück


Hola, como les prometí, ahora escribiré algo sobre la recuperación. Hay una frase de Louise Gluck, una extraordinaria poeta norteamericana, quien tambien sufrió de anorexia, que dice mucho: lo que la anorexia nos revela no es la preeminencia del espíritu sobre la materia, sino la inevitabilidad del cuerpo. Algo así he sentido yo. Con el tiempo uno se da cuenta prácticamente de que no hay forma de abandonar el cuerpo, que uno lo necesita entrañablemente.
Imagen: Viento

Ahora que me veo más cerca de la recuperacion me doy cuenta que, a pesar de todo, la anorexia no ha logrado atarme, sino al contrario. Me ha obligado a perseguir mis sueños con mas fuerza, a luchar más por lo que quiero, a conocerme mejor. Eso es finalmente la anorexia: un reto para vivir más y mejor.
De hecho, ahora estoy en un viaje por el mundo, y para lograr hacer esto he tenido que confrontar muchos de mis miedos, conocerme mas, luchar duro y hacerme cargo de mis necesidades. Asi que al final, la anorexia tampoco es un obstáculo insuperable.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Aclaraciones sobre mí

Ya que ha habido algunas confusiones, espero que este post pueda aclarar un poco las cosas. Llevo nueve años padeciendo de anorexia. Empecé a los catorce, en una crisis desencadenada por la muerte de mi primer novio. Desde entonces he tenido altas y bajas, pero en general he estado más tiempo bien que mal. Hace algunos años decidí buscar ayuda profesional, pero me encontré con que  la especialista a la que acudí diagnosticó que yo no cumplía el perfil de una anoréxica: cero preocupación por la apariencia, poco miedo a crecer... y otros. Entonces decidí solucionar las cosas a mi modo y ocuparme de vivir. Muchos de los post que aparecen aquí son de esa mala racha (tienen fecha al final).
Ahora llevo seis meses en terapia y me he sentido mucho mejor, he podido solucionar algunos problemas que quedaban dentro de mí y estoy mucho más cerca de la recuperación.
Aún así, hay un lado oscuro que sobrevive en mí, y es eso lo que muchas veces se expresa en este blog, como forma de desahogarme. Prometo escribir algo la próxima vez sobre cómo es el camino hacia afuera, y hablar un poco más del lado luminoso.
Besos.


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La canción del abismo

"Me han educado en la desesperanza. La desesperanza nos llegó pronto a mi madre y a mí. Y la aceptamos porque nos dijimos que lo que se nos había impuesto era lo que merecíamos. Pero Amma puso un límite para el tributo que podía exigirnos la desesperación. Yo no erigía tales defensas. A veces pienso que estaba tan acostumbrada a la desesperanza que aunque se alejara de mí la atraía otra vez. Y cuando se acercaba en lugar de taparme con un cesto y esconderme de ella, la recibía con los brazos abiertos".

Anita Nair, El vagón de las mujeres.


Vanitas, Peter Claesz


La cita es del libro de una escritora hindú. Yo misma pude haber dicho algo semejante hace algunos años. Esto también es la enfermedad, no ponerle diques a la desgracia, dejarte arrastrar por ella, sentirte seducida por el abismo y en ocasiones hasta arrojarte.



¿Por qué de todos los abismos el de la anorexia? Porque la anorexia es llevar el inmenso vacío que sientes a tu interior, precipitarte en él, sentirte flotando en su interior. Quizá también por razones prácticas: una vez que ha pasado el hambre, la falta de alimento anestesia, mata toda sensación, se lleva (o apacigua) hasta el dolor. Dejas de sentir, y quizá en el fondo es eso lo que deseas.

viernes, 2 de marzo de 2007

¿Qué hay detrás de la anorexia?

¿Y qué hay detrás de esta enfermedad? ¿Son los medios de comunicación, la industria de la moda, las pasarelas, los alimentos light, los estereotipos de mujeres súper delgadas? ¿O es la decadencia del mundo actual, el desamor, la incomprensión, la falta de comunicación, el aislamiento, la soledad?
Cyberwoman, Helmut Newton

Me inclino más por la segunda opción. Porque este infierno de la anorexia es personalísimo y privado, lejos de los medios de comunicación masiva o las tapas de una revista. ¿Cómo podría tener algo que ver la talla de las modelos de un desfile con un sufrimiento tan íntimo y tan hondo?
No nos mintamos ni dejemos que nos mientan. Esto ocurre en nuestro interior, y lo exterior, aunque aparentemente lo es todo, en realidad es un disfraz.

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